En el sector servicios, muy castigado por la crisis, los anuncios se multiplican. “La patronal de grandes hoteles de Santiago prepara descuelgues para rebajar salarios y jornada argumentando una caída de facturación”, advierte CIG. Roberto Teixido, de UGT en A Coruña añade que el primer impacto lo están sintiendo el comercio y la hostelería en lo que califica como una “reforma escrita con la pluma de la patronal, rancia, porque se ve que leyeron muy bien el Lazarillo de Tormes, tiene muchas trampas”. Una de esas supuestas trampas se está detectando en los servicios de conciliación. “Hemos constatado casos en el servicio de mediación (SMAC) de empresas que readmiten a trabajadores que despidieron antes del decreto y que, de nuevo, han vuelto a despedir para evitar pagar el salario de tramitación” (que un trabajador percibe desde la fecha de despido hasta la notificación de la sentencia). Lo ilustra Berto Gonzalvez, de la federación de Química del sindicato nacionalista. “Estamos, por desgracia, asistiendo a la entrada de un mundo nuevo en las relaciones laborales. En muchas empresas pequeñas, donde no hay peso sindical, va a ser dramático”, añade.
El economista Manuel Lago Peñas reflexiona sobre la picaresca del texto. “La fórmula que se ha buscado para justificar despidos de 20 días y bajada de salarios [caídas de ingresos durante tres o dos trimestres] provoca una indefensión extrema, porque las cuentas que puede presentar la empresa no se corresponden con las del cierre de un año, un proceso, este sí, en el que los administradores tienen responsabilidades y que va acompañado de auditorías. Por el contrario, un simple estadillo contable puede servir para ilustrar la situación de un par de trimestres”. Trampas que las patronales rechazan porque creen que esta reforma es la mejor vía para mantener el empleo en una situación generalizada de caída de ventas.
“Lo paradójico es que los primeros interesados en movilizarse son las pequeñas empresas y los autónomos, porque ellos van a ver cómo sus clientes pierden poder adquisitivo y dejan de comprar”, añade Gonzálvez.
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